INFORME Febrero 2010

 

 PERSONALIDAD, CONFLICTOS Y SOFROLOGÍA

 

 

 

 

                                                                                                                                                                            Ortega y Gasset

 

 

Los filósofos geniales, como es el caso del autor de la frase que encabeza este informe, necesitan pocas palabras para expresar ideas claras sobre cuestiones muy complicadas, como lo es todo cuanto atañe a las personas, a la diferente personalidad de cada una y a los conflictos que pudieran afectarles.

 

Una cuestión es llegar a conocer, por la vía analítica que sea, la razón última que origina un conflicto y, otra bien distinta, “tener-consciencia-de-que-se-está-en-él”, como le acontece a la gran mayoría de los seres humanos, quizá como mecanismo de defensa para evitar responsabilidades que pudieran obligarle a afrontar realidades ingratas.

 

Cada escuela analítica da su definición de conflicto según los esquemas teóricos con que operan. Ortega, al definir el conflicto, se pone al margen de tales proyecciones teoréticas y se permite situar en primer término la esencia misma del problema que, en sí, no es otro que “no-darse-cuenta-de...”

 

Los profesionales de la salud -especializados en sofrología- habitualmente no estamos titulados como psicoanalistas y, en consecuencia, carecemos de todo aquello que nos permita analizar seriamente la personalidad de un Ser, psicoanalíticamente hablando. El hecho de no entender tal realidad nos situaría, de facto, en idéntica situación de conflicto como Ortega magistralmente lo define.

 

Lo que sí puede y debe hacer un especialista en sofrología, apoyándose en el sentido de esta definición, es esforzarse con sus pacientes para que entiendan lo necesario que es aceptar la “posibilidad” de estar viviendo un conflicto, del cual no se conocen las últimas causas, pero que, en sí, lo más importante es abordar la cuestión de cómo aprender a integrar en si mismo reales sensaciones y sentimientos de estabilidad para compensar la desestabilización en la que se encuentra.

 

Ejemplo de lo afirmado es cuando sofrológicamente se entrena la memoria porque se utiliza mal y conduce a serios conflictos y a chantajes sobre la propia existencia. Por el contrario, ¿Qué podría acontecer si, ante tal eventualidad, se logra motivar al ser para ejercitarse en su memoria positiva, también parte integrante de su realidad existencial? ¿Habría necesidad de analizar tanto y tan sistemáticamente...?

 

La persona, junto a la expresión de su personalidad, se configura como un ente compuesto por una estructura física que se puede ver y tocar -yo corporal- y por otra no física que no puede verse ni tocar -yo mental-

 

El temperamento constituye el núcleo central de la persona y su personalidad, configurándose en su esencia por los rasgos que determinan predisposiciones físicas y anímicas y por la rapidez con la que se responde a cuanto afecta al ser. Con los rasgos  temperamentales se nace y, por tanto, es inmodificable.

 

El carácter  es la “coraza” que se va adosando a los rasgos temperamentales a través de todas las experiencia vividas y esfuerzos realizados, siendo por ello la voluntad su motor y guía. Con los rasgos caracterológicos no se nace y, por tanto, es modificable.

 

En sofrología se afrontan cuestiones que atañen a la personalidad, siendo su primer objetivo reforzarla a través de técnicas de sofronización, pues éstas no fueron creadas para enseñar al ser humano a relajarse, aunque la relajación siempre se consiga al desarrollarlas y en medio de ellas se trabaje, por ello el proceso de sofronización se define como:

 

proceso que permite proveer a la persona y su personalidad de instrumentos para su refuerzo, potenciando sus estructuras psicofísicas a través de la ejercitación del cuerpo vivido y de las dimensiones positivas de las capacidades de la consciencia para que así, intencionadamente, el ser aprenda  a compensar, sin dependencias, los desarrollos negativos y espontáneos que la descompensan

 

La sofrología considera tan importante el “yo-corporal” como el “yo-mental”.

 

También Karlt Popper fue un filósofo genial y ejemplo de saber combinar:  inteligencia  con  modestiaprofundidad con claridad y compromiso con honradez. Afirmó que: “buscar la sencillez y la lucidez es un deber moral de todos los intelectuales: la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”

 

 

 

Dr. Mariano Espinosa

 

Director Sección Central