INFORME DICIEMBRE 2006

 

Mecanismos de estrés y consideraciones en sofrología

 

 

El estrés no es algo que se genere fuera del ser humano y pueda llegar a determinar posibles trastornos en el mismo. El ESTRÉS es un mecanismo interno, una función de nuestro organismo, como lo es la respiratoria, cardiaca, digestiva etc., cuya función es facilitar la puesta en macha de reacciones fisiológicas de compensación ante posibles agresiones externas e internas.

 

 

A los estímulos externos que activan los mecanismos internos de estrés, forzándolos de forma más o menos permanente, se les denominan ESTRESORES.

Siguiendo el esquema adjunto, el estrés originado por diversos estresores permite al ser humano ajustar sus tensiones y salir más airoso de sus momentos de alarma, siempre, claro está, que posea y utilice intencionadamente la herramienta de signo opuesto a la tensión que lógicamente se genera: la distensión por el autocontrol que pueda ejercerse. Es así como, desde ésta dimensión operativa, el ser se mantendrá con el menor riesgo posible y tenderá a permanecer en la siempre deseable situación de EUESTRÉS o de “buen-estrés”, facilitador de cualquier forma de actividad.

De no ser así, las tensiones irían acumulándose en el ser hasta que, pasado un tiempo, tendiese a permanecer en la siempre indeseable situación de DISESTRÉS o “mal-estrés”, causa principal de infinidad de trastornos mal denominados de la “actual-civilización”, porque siempre existieron; cuestión bien distinta a que su incremento estadístico con el “progreso” sea una realidad.

 

Todo ser que pone su voluntad en entrenar a diario una herramienta de distensión, aprendida en su momento, e intencionadamente en situaciones estresantes se distiende, más o menos, llegará el día que no tenga la menor duda de solo ser el único responsable de su “saber-estar” y de su “bien-estar” por el autocontrol ejercido en tales situaciones.

Son pocos lo que conocen que, al margen de los estímulos externos que nos afectan, también existen estímulos internos estresantes alentados por nuestro propio pensamiento, constituyéndose en factores de estrés que, en ocasiones, según la carga negativa con la que los elaboremos y mantengamos, pueden llegar a ser los más nocivos de todos.

Julián Marías, desde su profundo y certero pensar, lo dejo muy claro en la 3ª de abc el 18 de febrero de 1993, como me place actualizar en su recuerdo con su estricta trascripción; en la seguridad de que el lector sabrá extraer una idea clara de lo escrito por el Maestro que nos dejó, y asociarla con el término “contaminación” en relación al informe sobre estrés, objeto del presente informe:

“Sorprende que la gente hoy se preocupe mucho de la contaminación que le rodea  y no de aquella otraque está  muy cercana a nosotros mismos, pues hay algo  muy próximo  a nosotros que se constituye en el factor más grave de contaminación mental: la imaginación fantástica, los recuerdos negativos,    las palabras inadecuadas que escuchamos y decimos, lo que vemos y leemos en medios de comunicación, el pensamiento negativo, las ideas negativas, etc.

Es poco probable que la mayoría de las personas se den cuenta de ello, pero aún es más improbable que se les advierta. La consecuencia es que son innumerables las personas que viven en estado de error, o situaciones de errores arraigados: supersticiones, falsas convicciones e injustificadas nociones.

No obstante hay algo mucho más profundo y perturbador en la cuestión planteada, la distorsión de la realidad, su suplantación o desfiguración. Esta es la causa de la más peligrosa contaminación mental.

El ser humano tiende a vivir en el ámbito de la verdad, porque la necesita para entender la realidad y, así, orientarse y proyectarse en la vida. Las creencias  y las ideas  son lo más íntimo  y  cercano a nosotros, lo que más condiciona quienes somos y quienes podemos ser. La realidad no siempre es alentadora. El aliento debe ponerlo el ser sobre las cosas y no las cosas sobre nosotros 

La información que el ser humano recibe de los medios de comunicación al respecto, suele alarmar más que tranquilizar, aunque estoy seguro de que los responsables de los mismos actúan con la intencionalidad de alcanzar la segunda de ambas reacciones. 

Menos entendible es que los profesionales de la salud no informemos científicamente en nuestras consultas para evitar lo que Marías califica de contaminación, que nos limitemos a indicar el psicofármaco que ajuste la tensión del momento y que nos atrevamos a dar los improcedentes e ineficaces consejos de turno, tales como: “trate-de-tranquilizarse”, “de-no-preocuparse”, “de-no-pensar-tanto”, “inténtelo”, “relájese”, “contrólese”, etc. Pocos dudarán que estaría muy bien que algún paciente nos contestase: Tiene usted toda la razón, pero… ¿Podría enseñarme cómo?

Lo más importante que me aportó la sofrología hace ya muchos años es -¡Nada más y nada menos!- la posibilidad de enseñar a mis pacientes el dichoso CÓMO, y lo vengo haciendo con el niño desde los seis años de edad mental hasta el estadío de la novena etapa -de los 90 hasta…- establecida y descrita por el matrimonio de avanzados investigadores científicos, Joan y Erik Erikson, dignos de considerar 

Selye, descubridor de los mecanismos de estrés, afirmó: “Lo que importa, ante una situación de estrés, no es lo que nos acontece, sino cómo percibimos lo acontecido y, sobre todo, los recursos humanos que poseamos para reaccionar con la mayor eficacia posible”

Desde hace cuarenta y seis años la sofrología, a través de sus metodologías, viene proveyendo al ser la posibilidad de llegar a poseer tales recursos humanos. 

Dr. Mariano Espinosa 

Director Sección Central